Vacas Oreo: la idea que convirtió un ritual cotidiano en una experiencia que se vivió (y se compró)
Hay rituales que no necesitan explicación. Separar una Oreo, lamerla y chopearla en leche es uno de ellos. Algo tan simple, tan cotidiano, que vive en la memoria colectiva. Y justo ahí empezó Vacas Oreo: una idea que tomó ese momento clásico y lo llevó directo a la conversación digital… de la forma más inesperada.
De pronto, comenzaron a aparecer vacas con el patrón blanco y negro de Oreo. Sin anuncios evidentes. Sin un mensaje claro. Solo imágenes que despertaban preguntas y sonrisas. ¿Qué es esto? ¿Por qué todos hablan de vacas Oreo? La curiosidad estaba sembrada.
Detrás de ese misterio hubo una estrategia muy clara. Spark Foundry fue la agencia encargada de diseñar cómo esta idea viviría en el mundo digital, cuidando que no se sintiera como publicidad tradicional, sino como parte natural del entretenimiento.
En lugar de interrumpir el scroll, la campaña se infiltró en él. Spark apostó por un sembrado cultural: creadores de contenido comenzaron a hablar de las vacas sin mencionar la marca, generando conversación orgánica y capturando atención genuina. Cada vista, comentario o búsqueda se convirtió en una señal para entender qué estaba despertando mayor interés.
Una vez que la intriga estaba en su punto más alto, llegó el momento de contar la historia completa con el cortometraje “Lupillo y sus Vacas Oreo”. Aquí el reto fue mayor: lograr que la gente no solo hiciera scroll, sino que se quedara varios minutos viendo el contenido.
La estrategia funcionó. El video superó lo planeado y logró que miles de personas se quedaran a verlo completo, reforzando la conversación y el vínculo emocional con la marca. No era solo un video más: era una historia que se compartía, se comentaba y se disfrutaba.
Pero Vacas Oreo no se quedó en lo visual. Spark diseñó el camino para que, después de la conversación y el entretenimiento, el ritual regresara a la vida real. Quienes interactuaron (y todavía lo hacen pues la campaña está vigente hasta el 28 de febrero) con los contenidos están reimpactados con mensajes que reforzaban la dupla perfecta: Oreo + leche, conectando el recuerdo con el antojo.
La experiencia continúa hacia eCommerce, acompañando a las personas hasta el momento de compra. Así, el recorrido fue completo: de la curiosidad al video, del video al deseo, y del deseo al carrito.
En un entorno saturado de mensajes, Vacas Oreo demuestra que cuando una marca entiende la cultura —y se apoya en una estrategia inteligente— puede generar algo más que likes. Puede revivir rituales, crear conversación y traducirla en acciones reales.
Porque al final, los mejores antojos no nacen de un anuncio, sino de una historia bien contada… y bien pensada.

