70 años después, Apache demuestra que jugar sigue siendo tendencia

Mientras la conversación gira alrededor de inteligencia artificial, plataformas digitales y nuevas tecnologías, existe una categoría que también está viviendo su propia transformación: la forma en que juegan las niñas y los niños. Y en medio de ese cambio hay una marca mexicana que lleva siete décadas observando algo que pocas compañías han logrado entender tan bien: el juego nunca desaparece, simplemente evoluciona.

Apache cumple 70 años en un momento particularmente interesante. Hoy las infancias crecen rodeadas de pantallas, contenidos infinitos y estímulos que compiten por su atención cada segundo. Sin embargo, lejos de convertirse en una marca atrapada en la nostalgia, Apache ha encontrado una forma de mantenerse vigente: adaptándose a la manera en que las nuevas generaciones entienden la diversión.

Porque si algo ha cambiado en los últimos años es que jugar ya no significa una sola cosa. Las niñas y los niños de hoy buscan experiencias híbridas. Quieren movimiento, pero también creatividad. Quieren actividad física, pero también espacios para expresarse. Quieren compartir experiencias con amigos y familia, pero sin renunciar al mundo digital que forma parte de su realidad cotidiana.

Por eso, Apache, nos comparte unos consejos increíbles para llevar al juego a su siguiente nivel, con juguetes, imaginación y la familia como elemento ejecutor:

  • Movimiento todos los días: no importa el espacio. Actividades con scooters, triciclos o patines ayudan a desarrollar coordinación, equilibrio y confianza.
  • Creatividad sin reglas: alternar el juego físico con manualidades o experiencias “do it yourself” estimula la imaginación y genera resultados tangibles que niñas y niños pueden compartir.
  • Tiempo de calidad real: convertir el juego en un momento de convivencia fortalece vínculos y comunicación entre familias.
  • Menos pantalla, más experiencia: reducir el tiempo pasivo abre espacio a explorar, crear y experimentar el mundo de forma activa.
  • Crear rutinas de juego: establecer horarios específicos para jugar ayuda a integrar estas actividades en la vida diaria, convirtiéndolas en un hábito esperado y disfrutado, no en una excepción.
  • Aprovechar espacios cotidianos: parques, patios, banquetas o incluso la sala pueden transformarse en escenarios de juego. No se necesita un lugar ideal, sino disposición para activar el entorno.
  • Fomentar la autonomía: permitir que niñas y niños elijan a qué jugar o cómo hacerlo impulsa su toma de decisiones, creatividad y seguridad personal. El juego también es una forma de descubrir su identidad.
  • Integrar a toda la familia: involucrar a hermanos, padres o incluso amigos refuerza habilidades sociales como la colaboración, la empatía y la comunicación, haciendo del juego una experiencia compartida mucho más rica.
  • Celebrar el proceso, no sólo el resultado: reconocer el esfuerzo, la constancia y la intención detrás de cada actividad fortalece la autoestima. En el juego, equivocarse también es parte del aprendizaje.

La tendencia es clara: el entretenimiento infantil se está alejando de los formatos pasivos para acercarse nuevamente a experiencias que generan participación activa. Tanto la Organización Mundial de la Salud como UNICEF han alertado sobre el impacto que el sedentarismo y el exceso de tiempo frente a pantallas pueden tener en el desarrollo físico, emocional y social de niñas y niños. Al mismo tiempo, organismos internacionales coinciden en que el juego continúa siendo una de las herramientas más poderosas para aprender, desarrollar habilidades socioemocionales y fortalecer vínculos.

Apache se mantiene conectada con temas que hoy ocupan a madres, padres y cuidadores: bienestar infantil, crianza consciente, creatividad, autonomía y tiempo de calidad en familia.

La pregunta ya no es únicamente con qué juegan los niños. La verdadera pregunta es qué experiencias les permiten crecer mientras juegan. Y quizá ahí está la clave detrás de los 70 años de Apache. No se trata solamente de fabricar productos. Se trata de acompañar a cada generación en su propia definición de la diversión. Porque el juego de ayer no es el mismo de hoy. Y el de mañana tampoco lo será.

Pero mientras existan marcas capaces de escuchar cómo cambia la infancia, habrá historias que seguirán rodando generación tras generación.

Como un triciclo que nunca deja de avanzar y ¡dura, dura, dura!

Angélica Gutierrez Gasca